
Iglesia de Sant Mateu, la iglesia como lugar de unión
La iglesia de Sant Mateu reúne a los feligreses de una comarca famosa por sus vinos

En el siglo XVIII, el obispo Abad y Lasierra empezó a levantar iglesias en puntos de la isla escogidos para que los feligreses tuvieran que desplazarse lo menos posible y se avivara la devoción popular. Sant Mateu estaba en una zona de poco interés estratégico, tanto militar como comercial: sus montañas escarpadas la protegían de forma natural de quien llegara por mar, y la distancia a los principales núcleos, para la época, era un inconveniente para sus gentes.
Sin embargo, Sant Mateu tenía un valor que aún perdura: sus valles son tierras muy fértiles. Hoy se dedican sobre todo al vino, y sus haciendas se reparten a lo largo y ancho de la zona.
Por eso la iglesia de Sant Mateu se levantó sobre un pequeño cerro, en el centro de esta comunidad.
Un icono en Sant Mateu
La iglesia de Sant Mateu está a pie de carretera, en el camino que va de Sant Miquel a Santa Inés. Tiene la típica fachada encalada, sorprendentemente esbelta para la zona. El interior tampoco pasa desapercibido: merecen atención la capilla de la Madre de Dios de Montserrat y la capilla del Roser.
Como toda iglesia ibicenca que se precie, tiene un porche para resguardar a los fieles los días de mal tiempo. Este porche, del siglo XIX, tuvo una gran importancia social: igual que los pozos, y con las casas tan separadas unas de otras, fue durante mucho tiempo lugar de reunión y de cortejo.
En definitiva, la iglesia de Sant Mateu es un conjunto arquitectónico que merece la visita.
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