Un festival de fin de semana tiene un problema que no se ve hasta la primera noche: quién ha pagado qué. Entrada de un día, abono completo, invitados, prensa, artistas, personal. Si todo eso se controla mirando entradas en el móvil en cada puerta, la cola llega a la calle.
La solución que usan casi todos los festivales es la más barata: una pulsera por asistente, que se pone una vez en la entrada y ya no se quita hasta el final.
Un color por día y otro para el abono. Viernes, sábado y domingo llevan cada uno su color; el abono va en un cuarto color o lleva impresas las tres fechas. El personal de puerta sólo tiene que mirar la muñeca de lejos.
Zonas impresas en la propia pulsera. Backstage, prensa, artistas y staff no necesitan otra acreditación colgada del cuello: el texto va en la pulsera y se lee a un metro.
Que no se pueda reutilizar. Es lo que de verdad importa. Las pulseras para festivales de papel Tyvek llevan un cierre adhesivo que se rompe si alguien intenta quitársela para pasársela a otro, y aguantan agua, sudor y ducha durante todo el fin de semana.
Numeradas si hay aforo. Numerar las pulseras permite saber cuántas se han puesto en cada puerta y cuadrar el aforo sin contar cabezas.
Un apunte práctico: pedidlas con margen y con una prueba de diseño antes de imprimir. Las pulseras Tyvek personalizadas se pueden hacer lisas, a una tinta o a todo color con el cartel del festival, en 19 o 25 mm de ancho, desde 100 unidades. Para un festival pequeño eso es exactamente lo que hace falta: nada de pedidos mínimos de miles.
Y un último consejo: guardad un par de cajas de reserva en cada puerta. La pulsera rota por un mal cierre o el invitado de última hora aparecen siempre.